Muchos ven una bicicleta y piensan en ejercicio o en un paseo. Yo veo mi herramienta de trabajo y, a la vez, mi propia armadura. Para mí, salir a las calles cada día no es solo ir de un punto A a un punto B; es una partida de ajedrez donde el error se paga con la vida. He aprendido que en la ciudad no se rueda, se sobrevive.
El día que el asfalto me marcó
Lo sé porque ya estuve ahí. Un taxista decidió que mi vida valía menos que su prisa y me arrolló a 50 km/h solo para "asustarme" porque odia a los ciclistas. Dijo que solo quería pasarme cerca por qué odia los ciclistas . Mi casco terminó abollado, un dedo fisurado y mi mochila de reparto —llena de pizzas y bolillos que terminaron hechos puré— fue lo único que amortiguó el golpe contra un auto estacionado que terminó con la puerta destruida. El semáforo estaba en rojo, no tenía sentido que el fuera a esa velocidad para atorarse a 50 metros. Yo suelo ir rápido en una bici de ruta que alcanza más de 55 por hora en un sprint, pero baje velocidad por el semáforo en rojo, grave error.
Ese día entendí dos cosas: que el "accidente" fue un intento de agresión deliberada y que, a pesar del aturdimiento y el dolor, iba a seguir rodando. Lo hice ese día, el siguiente y lo sigo haciendo hoy.
La indiferencia: El socavón y la lluvia
Si los conductores son peligrosos, la ciudad misma es una trampa. Una vez, bajo la lluvia, caí en un socavón de medio metro de profundidad y cinco metros cuadrados. Me estaba ahogando, atrapado por el peso de la bici y el agua, y nadie se acercó a ayudarme. Lo peor no fue el agua, fue ver cómo la gente solo se acercaba para intentar robarme la bicicleta mientras yo luchaba por salir.
Desde entonces, mi regla es absoluta: con lluvia no se rueda. Si hay un charco, lo evito; si no puedo, me regreso por donde vine. No importa el cliente, no importa la prisa. Mi seguridad no es negociable.
Mi solución: Conducción Agresiva y Táctica
Para enfrentar un mundo donde los clientes te amenazan de muerte si te tardas y las señoras en camionetas grandes te cierran el paso sin mirar, he tenido que evolucionar. Mi solución no es pedir permiso, es imponer presencia.
El "Holeshot" del Semáforo: Mi técnica es salir como una bala. Combinando mis piernas con el motor de mi e-bike Xiaomi y sabiendo usar los cambios, gano la salida a cualquier moto o auto. No es por competencia, es para salir de la "zona de impacto" de la intersección. Para cuando ellos reaccionan, yo ya estoy en una zona segura 150 metros adelante y ya los dejo pasar cuando estoy en una zona donde no me arrollen .
Hipervigilancia y Visibilidad:
Uso luces de alta potencia incluso de día. Volteo hacia atrás constantemente. Si el semáforo está en rojo, sprinteo hasta encontrar un punto donde no puedan arrollarme por la espalda.
La Evolución del Vehículo: Mi bici favorita es una de ruta clásica pero cuando estoy muy cansado no es la ideal. Cansado uso una e-bike porque es más ágil que una moto eléctrica que también tengo. Me permite filtrar tráfico y reaccionar más rápido. Mi meta es subir a un motor de 750W camuflado en una bici tradicional: potencia real para escapar de situaciones críticas sin llamar la atención de los ladrones.
Ocupar el Espacio: Conducir "agresivamente" significa no dejar que me arrinconen. Si estoy cansado para sprintar, uso la asistencia eléctrica para no perder la agudeza mental.
Ganar o Morir
Sé que para muchos soy un estorbo, pero soy yo quien hace que la ciudad se mueva. He aprendido a ignorar las amenazas de los clientes y el odio de los conductores. Mi vida depende de mi instinto, de mi equipo y de mi capacidad para ser más rápido y más inteligente que el metal que me rodea.
Cada noche que llego a casa es una victoria. No es suerte, es estrategia.
Amo el ciclismo tradicional, y seguiré en el mayormente, pero sin arriesgar mi vida ante la cerrazón de la violencia vial.
10 de febrero 2026.

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